Por aquel entonces, muy pocos reparaban en los palacetes que ocupaban el triángulo formado por las calles San Marcial, Echaide y de los Fueros. Hasta que un buen día desaparecieron y los vecinos comenzaron a preguntarse qué es lo que había pasado. En la entrada de hoy vamos a hablar de las Torres Arbide, uno de los más emblemáticos monumentos donostiarras que se resisten a desaparecer.

La construcción de las Torres Arbide

En 1904, Georgina Barrié, viuda de Satrústegui, vendió el solar donde estaba emplazado el palacete originariamente a Rosa Zubelzu, viuda de Arbide, y José Cruz Arbide Zubelzu. La idea era construir dos edificios gemelos, obras que estuvieron a cargo del arquitecto municipal José Goicoa.

A principio de la década de los 70, la Caja de Ahorros Municipal llegó con el proyecto de salvar los edificios.

El traslado de las torres

A diferencia de otras construcciones antiguas, que quedaban reducidas a escombros, las Torres Arbide fueron desmanteladas y llevadas a otra localización. Fue una tarea bastante complicada y no desprovista de paciencia, ya que hizo falta despiezar más de 6.300 piedras con un peso superior a las dos mil toneladas en total.

Las piedras se numeraron y posteriormente fueron enviadas a los jardines de Miramón, donde un grupo de arquitectos encabezados por Luis Jesús Arizmendi se encargaron de reconstruir el puzle. El resultado fue impecable y aunque algunos están en contra de este nuevo emplazamiento, los jardines suponen un marco ideal para disfrutar de este bello conjunto arquitectónico.

El parque de Miramón

En 1979 se anunció la inauguración de las Torres Arbide en su nueva localización. Al acto acudieron representantes municipales y de la Sociedad de Ciencias Naturales Aranzadi, ya que uno de los palacetes sería donado a esta organización. Se proyectó un jardín botánico con especies autóctonas y una exposición permanente sobre micología en la planta baja.

El parque de Miramón o miramongo basoa es uno de los puntos de encuentro favoritos para muchas familias donostiarras, ya que combina amplios espacios al aire libre con zonas de juego, picnic, estanques, un espectacular caserío museo y hasta su propio anfiteatro.

Inaugurado hace poco, dispone de más de 600.000 metros cuadrados de zonas verdes que nos permiten relajarnos, dar largos paseos o practicar nuestros deportes favoritos. Esta joya se asienta sobre una de las colinas de Donostia, cerca del Parque Tecnológico y a la altura del paseo de Oriamendi y de Miramón.

A pesar de todo, este parque no aparece en las principales guías turísticas y muchos vecinos de Donosti desconocen su existencia. Algo parecido pasa con las Torres Arbide, que descoloca a los visitantes que creen haberla visto hace tiempo en otro sitio. En cualquier caso, se trata de un lugar perfecto para disfrutar al aire libre y que encantará especialmente a los niños.