El gobierno aprobó el pasado 5 de abril un Real Decreto que modifica las condiciones para el autoconsumo de electricidad en nuestros hogares. El objetivo es otorgar un mayor protagonismo a los ciudadanos, facilitando la instalación de paneles fotovoltaicos y otros sistemas autónomos para producir su propia energía. En la entrada de hoy vamos a mostraros los principales puntos de esta reforma.

El autoconsumo y la sostenibilidad

En palabras de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, el autoconsumo será fundamental en el futuro y marcará el nuevo plan energético nacional. Los usuarios podrán generar su propia electricidad y mandar el excedente a la red. De esta forma, además de ahorrar una considerable suma de dinero en facturas, garantizaremos la viabilidad de los recursos y la sostenibilidad del planeta.

El plan del gobierno contempla ayudas tanto en la gestión administrativa como la adquisición de los equipos o los sistemas de compensación. También ha llamado la atención la supresión del denominado “impuesto al sol”, medidas enfocadas a favorecer el autoconsumo compartido por parte de los vecinos.

El ejecutivo ha recibido en estos días más de 200 alegaciones a la reforma energética. Sin embargo, con las elecciones a la vuelta de la esquina será el gobierno entrante quien tenga que modificar alguno de sus puntos.

Plan de Estrategia de Pobreza Energética

Junto a esta reforma de la ley del autoconsumo se ha aprobado un nuevo plan de Estrategia de Pobreza Energética. Nuestro país importa casi un 75% de la energía que consumimos, por lo que la intención es revertir esta tendencia y proporcionar a los ciudadanos una alternativa mucho más limpia.

Reducir las emisiones contaminantes es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles fijados por la ONU para 2030. Por ello, es indispensable apostar por fuentes energéticas que sean ecológicas como la solar, geotérmica o eólica. Por el contrario, hay que reducir progresivamente el uso de combustibles fósiles y otras opciones que son altamente contaminantes.

Esta transición basada en la eficiencia y el consumo responsable comenzará por el sector eléctrico. Queda por ver la respuesta de las grandes compañías y el impacto que tendrán las nuevas políticas en las economías domésticas.

Un sistema flexible para el almacenamiento energético

Hasta ahora era imposible volcar el excedente energético en la red. Es decir, que si producíamos más energía de la que gastábamos la perdíamos. Con esta nueva reforma se pretenden flexibilizar las opciones, dotando a la ciudadanía con redes automáticas y digitales que permitirán aprovechar cada vatio producido.

Otro de los principales problemas de nuestro país es la ausencia de infraestructuras necesarias. A diferencia de Francia o Alemania que cuentan desde hace años con redes interconectadas. Para que el plan tenga éxito, será indispensable contar con el apoyo decidido de la administración y tener ventajas fiscales que hagan más llevadera la inversión inicial.

Pero también deberá implicarse el sector privado. Cambiando sus modelos de negocio con contratos más simples y atractivos para el usuario, innovando y creando los medios necesarios para hacer realidad la transición energética.